Justo Mullor y sus Malas Compañías avivan la magia del incontestable cancionero de Joaquín Sabina en un Apolo abarrotado

Tributo Sabina Justo Mullor

El Teatro Apolo despidió anoche al mes de noviembre con un concierto que cumplió con creces todas las expectativas generadas, aunque hace tiempo que disfrutar de las actuaciones de Malas Compañías, banda referente en España en eso de revivir el cancionero de Joaquín Sabina, encabezada por Justo Mullor, dejó de tener cualquier atisbo de duda. Así lo acredita que cuente sus visitas al Apolo con ‘entradas agotadas’, en esta ocasión varios días antes de la celebración del concierto.

Con José Luis Gayo a la batería, Ignacio Carasa al bajo, Facundo Virasoro a las guitarras eléctrica y acústica, Miguel A. Fernández a los teclados y acordeón, y con el apoyo en las voces y coros de Vanesa Cáceres y como técnicos, que también forman parte de la familia de Malas Compañías, al sonido José María Piqueras y al audiovisual José Teruel, Justo Mullor viajó por lo más granado y trascendente del amplísimo repertorio de Sabina, centrando el grueso de la actuación entre finales de los ochenta y la década de los noventa, con algún puntual escarceo en el siglo XXI, especialmente intenso en esa celebración de lo que quede de vida en “Lágrimas de mármol”. 

Antes, ya había subido al público en el tren a la llamada de estación quién sabe dónde, destino cualquier parte, andén perdido con parada en 19 días y 500 noches con encantadora postal de ‘Yo me bajo en Atocha’ y la ensoñadora ‘Cuando era más joven’. 

La autenticidad en sus interpretaciones, así como el respeto al legado del artista, impregnadas de irrefrenable cariño y admiración, es uno de los secretos de Malas Compañías, a lo que se suma la escenografía, cuidadosamente diseñada, con proyecciones alusivas que enriquecen la experiencia visual, creando un entorno que complementa y realza cada una de las interpretaciones, generando una atmósfera mágica que transporta al público una y otra vez al universo poético y bohemio que caracteriza a Sabina.

Las más animosas ‘Aves de paso’ y ‘Mentiras piadosas’ precedieron al paseo ‘Por el bulevar de los sueños rotos’ o la más rockera y compacta ‘El caso de la rubia platino’. Vanesa Cáceres interpretó como solista buena parte de ‘Peces de ciudad’, a lo Ana Belén, y Mullor fusionaría, al más puro estilo Sabina el ‘¿Quién me ha robado el mes de abril?’ con ‘Así estoy yo sin ti’, con alguna adaptación contemporánea del texto, como cambiar “se marchita viendo Falcon Crest”, por “Sálvame”. 

Nunca decae el nivel con un legado selecto como el de Sabina y Malas Compañías dejaría para la segunda parte otra canción de amor y odio a la capital en ‘Pongamos que hablo de Madrid’, la doble rumba ‘Ruido’ y ’19 días y 500 noches’ o el cuento antifebril de ‘La del pirata cojo’.

Transmitiendo de manera auténtica el alma, la emoción y el carácter de cada una de las canciones, todavía las eternas ‘Contigo’, ‘Princesa’ o ‘Y nos dieron las diez’, entre otras, lucieron un apoteósico final de concierto.