En un escenario internacional cada vez más complejo y fragmentado, la Unión Europea se enfrenta a una encrucijada. Javier Solana, presidente de EsadeGeo, alertó hoy sobre la necesidad de que Europa adopte reformas urgentes para hacer frente a los retos geopolíticos que plantean potencias como Estados Unidos, Rusia y China. «Estamos en otro mundo y lo vamos a pasar mal para comprender y responder a un Estados Unidos que está tomando un rumbo completamente equivocado», afirmó durante su intervención en el encuentro “Ruptura o reforma: las democracias europeas frente a un mundo fragmentado”, organizado por EsadeGeo en el campus de Madrid.
Solana calificó de «gran pecado mortal» que la Administración estadounidense haya alentado el voto a favor del partido ultraderechista AfD en las recientes elecciones alemanas. «Esa formación representa aquello contra lo que los estadounidenses lucharon y murieron», subrayó.
En el debate, que abordó el futuro de la UE en un contexto global fragmentado, el presidente de EsadeGeo recalcó la urgencia de la acción política: «Hemos pasado estos años reflexionando; tenemos el informe Draghi y el informe Letta, que todo el mundo valora. Dejemos de discutir, es el momento de actuar: cuanto más tardemos, peor». Como ejemplo, mencionó la fuga de talento y capital europeo hacia Estados Unidos, donde los jóvenes deben buscar financiación para sus proyectos tecnológicos ante la falta de un mercado de capitales integrado en Europa.
Más integración europea ante los cambios geopolíticos
El encuentro, moderado por el director de EsadeGeo, Ángel Saz-Carranza, contó también con la participación de Arancha González Laya, decana de la Paris School of International Affairs en SciencesPo y exministra de Asuntos Exteriores, y Andrea Rizzi, corresponsal de Asuntos Globales y columnista de El País.
González Laya defendió la necesidad de impulsar reformas económicas que garanticen competitividad y crecimiento inclusivo, sin generar desigualdades y con un enfoque sostenible. Además, destacó las carencias en la integración europea en sectores clave como la energía, la tecnología, los mercados de capitales y, especialmente, la seguridad y defensa, a los que calificó como «un enorme talón de Aquiles».
“La vía para los europeos es una reforma que debe prestar especial atención a la democracia, porque sabemos que queremos seguir siendo democracias», afirmó González Laya, quien también alertó sobre las fuerzas internas que amenazan los valores democráticos dentro del propio espacio europeo. En su análisis de la situación internacional, sostuvo que Estados Unidos atraviesa un momento de ruptura y que una parte de su gobierno tecno-libertario persigue «la destrucción del sistema y de la Unión Europea». “A los europeos nos toca decidir cómo respondemos a esto, pasar el foco a qué puede hacer la UE para no convertirnos en vasallos, sino tener la capacidad de diseñar nuestro propio destino”, concluyó.
Por su parte, Andrea Rizzi describió la situación actual como «un cambio de época profundísimo» y destacó los retos existenciales para Europa. Entre ellos, señaló la ofensiva de regímenes autoritarios como Rusia contra el orden multilateral basado en la democracia, los derechos humanos y el respeto a la integridad territorial. Además, alertó sobre el auge de fuerzas ultraderechistas en Occidente, que han capitalizado el malestar de las clases populares afectadas por la globalización y la precarización del empleo. «Pequeños ajustes reformistas no serán suficientes», aseguró Rizzi, quien abogó por «un nuevo salto de integración que garantice mayor seguridad, autonomía y competitividad».
China: una relación necesaria pero prudente
Sobre la relación con China, González Laya se mostró tajante al señalar que no es posible para la UE mantener una alianza cercana con el país asiático como la anteriormente mantenida con EE. UU., ya que no se comparten los mismos valores sobre las libertades y los derechos individuales. No obstante, subrayó la importancia de definir una relación funcional con Pekín antes de que China y Estados Unidos lleguen a un acuerdo que deje a Europa en una posición subordinada. Por su parte, Rizzi abogó por «definir, cultivar y hacer florecer» los espacios de colaboración con China, pero «con extremada prudencia», ya que Pekín impulsa una reforma del orden mundial que no está necesariamente alineada con los valores europeos.
El debate puso de manifiesto que la Unión Europea enfrenta una coyuntura crítica. La pregunta ya no es si reformarse o no, sino cómo hacerlo con rapidez y eficacia para garantizar su futuro en un mundo cada vez más fragmentado.