El ministro de Política Territorial y Memoria Democrática del Gobierno de España, Ángel Víctor Torres, clausuró hoy 18 de marzo la jornada de la Universidad de La Laguna ‘España, del aislamiento a la incorporación a Europa’, una iniciativa de las dos universidades públicas canarias para conocer ese periodo tan crucial del cambio político en nuestro país, y enmarcadas dentro del programa de conmemoración del quincuagésimo aniversario de la muerte de Franco.
“Hay que partir del hecho de la veracidad, porque la historia fue la que fue. Y una de ellas es que yo estudié aquí”, dijo el ministro en tono de broma, para luego adentrarse en lo sustancial de estas jornadas: “Debemos conocer lo que ocurrió, que cada uno saque sus conclusiones y decida qué quiere para el futuro”.
El ministro recordó que España fue el único lugar en el que el fascismo se mantuvo. “La realidad es que tuvimos 40 años en una dictadura mientras Europa avanzaba, perdiendo los derechos alcanzados en la España laica y republicana precedente. Tenemos que saber lo que significa la ausencia de la democracia; y también conocer el juego democrático, porque hay que saber perder y también ganar en democracia”.
Formar parte de una unión de países democráticos ha sido fundamental, afirmó Torres, para quien hoy esa pertenencia resulta crucial, sobre todo frente al nuevo orden internacional. “Hoy estamos en un momento en el que la UE es capital para el equilibrio mundial”. El ministro recordó de hecho la situación ocasionada por la pandemia, y las ayudas europeas “sin las que este país no hubiera salido adelante, otro motivo por el que hay que defender la estructura política de la UE”.
Este ciclo de conferencias se está celebrando en todas las universidades españolas, a instancias de la comisión ministerial para conmemorar los 50 años de la muerte de Franco y, reflexionar así, en torno a la dictadura franquista y los años de asentamiento de la democracia. Las universidades canarias han contribuido con la celebración de estas jornadas, que tendrán continuidad mañana en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria.
Inmaculada Blasco, profesora de Historia Contemporánea es la directora académica en la ULL, junto con Marta García, de la ULPGC. El viceconsejero de Justicia y Seguridad del Gobierno de Canarias, Cesáreo Rodríguez, participó en la inauguración del evento, y aseveró ante el alumnado la importancia de recordar el valor de la democracia, que no llegó de repente, sino que fue fruto de conflictos y lucha que acabaron con la muerte de muchas personas. “A la democracia hay que cuidarla”, sostuvo. “Es muy relevante que no se omita parte de la verdad”. La vicerrectora de Cultura y
Extensión Universitaria, Isabel León, que presidió la sesión, adelantó el programa interdisciplinar acerca de la España a partir de 1975 en el que está trabajando su departamento, que se dará a conocer más adelante, y la conquista de las libertades. “El goce de la libertad es colectivo y hay que estar atentos a su persistencia”.
Tres ponentes han participado en la tarde de hoy. Elena Cavallaro, profesora de Historia de las Relaciones Internacionales de la Universidad Lluis de Roma, fue la primera en intervenir. Esta experta es especialista en las asociaciones creadas en el exilio durante la dictadura franquista, a las que dedicó buena parte de su charla. “A partir de los años 50 Europa empieza a convertirse en una esperanza, incluso para desmarcarse de los Estados Unidos. Adquiere así Europa un significado simbólico muy importante, asociado a la protección de los derechos humanos”, indicó la ponente. Así, el Consejo Federal del Movimiento Europeo, presidido por Salvador de Madariaga, y la Asociación Española del Movimiento Europeo fueron minuciosamente desgranadas por la experta.
A partir de 1967/68 España firma un acuerdo preferencial comercial con la Comunidad Económica Europea, una rúbrica que no gozó del visto bueno de las asociaciones europeístas, porque era tan solo un convenio de carácter económico, no de derechos y libertades, señaló la experta. La propaganda del régimen lo vendió como un éxito político, lo cual no era cierto, concluyó la experta.
Europeísmo y atlantismo
Lorenzo Delgado, profesor del Instituto de Historia del Consejo Superior de Investigaciones Científicas, fue otro de los participantes en la sesión de hoy, y centró su intervención en la relación de España con los Estados Unidos tras la II Guerra Mundial. Explicó que Europa, después del gran conflicto bélico, debía reconstruirse. “De ese desastre surge Estados Unidos como la gran referencia, porque representa un modelo de bienestar y prosperidad, el país donde las mujeres se han incorporado masivamente al trabajo”. Con todo, esta preponderancia va a durar poco, porque comienza la expansión de la Unión Soviética y su influencia en China, por ejemplo.
Estados Unidos se dio cuenta de que era necesario conseguir la afinidad de los aliados, con la creación de programas de redes de influencia, y también de confianza, dirigidos a sectores clave de cada país. “Todo gira en EEUU en torno al concepto de seguridad nacional, y la confrontación capitalismo/comunismo. La defensa de la libertad y el afianzamiento de los dos bloques son los elementos icónicos de los años 50”.
En esa época, añadió el ponente, el país norteamericano condena la dictadura franquista, pero no va más allá. España está aislada del proceso de convergencia europea, proceso animado por EEUU, y por eso, explicó, atlantismo y europeísmo van de la mano.
Los pactos militares de 1953 fueron pensados para establecer bases militares en España, un país estratégicamente muy interesante para Estados Unidos, con promesas de desarrollo que no llegaron a cumplirse. Hubo así una modernización parcial del ejército español, se establece una relación asimétrica, porque la instalación de las bases, en opinión del experto, no comportaba un reforzamiento de la seguridad para España, pero sí se consiguió una ayuda económica relevante y supuso en todo caso mayor conocimiento del país en el exterior.
Con todo, esa ayuda norteamericana va a permitir la modernización de algunos sectores industriales estratégicos, porque las bases militares había que construirlas y financiarlas. Se creó así toda una cultura propagandística para convencer a la opinión pública de la bonhomía de estas acciones, asimilando la modernidad a Estados Unidos, incrementando además la todavía incipiente sociedad de consumo. Todo esto ocurrió, sostuvo el ponente, “porque España era considerado un país inmaduro para la democracia”, un proceso que EEUU apoyó de forma reactiva, dejando de calara en la sociedad con el paso del tiempo, pero no apoyándolo decisivamente. Es lo que el experto llamó “la libertad desarrollista” o la conocida como “dictadura modernizadora”, propia de un país sin libertades pero con comodidades.
Emilio Grandío Seoane, catedrático de Historia Contemporánea por la Universidad de Santiago de Compostela, especialista en la II República, fue el último en intervenir, y se centró en el papel
que jugó el Congreso de Múnich de junio de 1962, como antesala al cambio político. Una cincuentena de organizaciones europeístas se dieron cita en este encuentro, considerado la mayor reunión de la oposición democrática de España, con 168 asistentes.
Desplazarse a la ciudad germana era en esos tiempos una gran complicación, relató el historiador. No hubo debate formal entre república o monarquía, aunque sí mucho debate interno sobre ello. Desde Múnich no se pudo crear una estructura de continuidad, pero, poco a poco, hubo una «aceptación progresiva de una monarquía con alma republicana», y con algo más importante que lo acordado finalmente en ese encuentro: el concepto de evolución, que fue el que prevaleció, lo que hizo que el régimen encontrara también una vía de salida. “Se abandona el pasado y se mira al futuro a partir de Europa”.